La familia Gordiola

El historiador Sanchiz Guarner dice que se conoce con la denominación genérica de VIDRIOS DE MALLORCA el conjunto de piezas artísticas, procedentes de los antiguos Hornos de Gordiola, conservadas a través de la citada Empresa, la cual ha logrado, gobernada por sucesivas generaciones, crear y producir en sus hornos, con carácter exclusivo, una colección inmensa de vidrios, que representan para nosotros, más de doscientos cincuenta años de historia artesana.

Defino en esta forma los Vidrios de Mallorca por cuanto no podemos concebirlos sin Gordiola, pues, aparte un reducido número de piezas que corresponden a las ideas más primitivas que en vidriería se concebían y que llegaron a nosotros gracias a las reproducciones realizadas por el primer maestro, todo cuanto en vidriería artística se conoce en Mallorca se debe a Gordiola, entendiendo por tal el acervo histórico-artístico que nos han legado siete generaciones de vidrieros que se sucedieron en el tiempo y pertenecen a esta familia.

Investigando sus orígenes, observamos que en el año 1719, procedente de la Corona de Aragón, se instala en Mallorca un joven vidriero y solicita al Magnífico Ayuntamiento de Palma, permiso para hacer un horno de vidrio. En informe favorable, fechado el 16 de Agosto de 1719 concede el Exmo. Sr. Don Gaspar de Puigdorfila, al suplicante, la autorización recabada, ordenando se haga un buen foso para guardar la leña, en evitación de incendios. Este horno solicitado por Blas Rigal, fue financiado por un comerciante catalano-aragonés llamado Gordiola.

En marcha este pequeño horno, surgen numerosas dificultades y sobre el año 1740, Gordiola tiene que hacerse cargo del mismo y manda desde Barcelona a Mallorca a un hijo suyo, joven alquimista que había estudiado en Venecia, discípulo de la familia Barrovier de Murano y llegaba a Mallorca preparado para hacer con el vidrio cosas buenas. Difícil sería en aquella época la fabricación del vidrio, pués muchos eran los obstáculos que se oponían a los estudiosos interesados en desvelar secretos industriales muy costosamente logrados. Venecia tuvo con Gordiola una singular excepción.

A los pocos años, el horno de Gordiola-Rigal, sufre una gran transformación. Al morir Rigal, sigue Gordiola con el horno y es muy probable que en 1760 trabajara en el llamado Pes de la Palle, acaso en el mismo solar que perteneció a la Orden de los Templarios y que en el año 1399 había servido al también catalán Nicolás Coloma, para instalar un horno vidriero.

En 1790 publica el "Maestro Gordiola" Bernardo Gordiola Canaves (1720-1791) un repertorio de croquis (xilografías) de lámparas, observando en su portada que se trata de un Elenco de las arañas y lucernas que hace Maestro Gordiola en su horno, para alumbrar los palacios de los Reyes de Europa y otras mansiones principales de los grandes señores de la Tierra. Así, pues, esta tradicional artesanía Mallorquina era conocida en Europa hace dos siglos.

La evolución, lógicamente, debió ser lenta, secuela de la pavorosa lentitud de los fenómenos económicos de los pasados siglos. Su hijo Antonio Gordiola Fortuny (1775-1840) siguió la labor de su antecesor, con las dificultades que le crearon las crisis económicas de su época. Le sucedió en la fábrica un sobrino, Gabriel Gordiola Carreras (1816-1862) continuando los ensayos en demanda de nuevas técnicas y nuevos descubrimientos. Su muerte prematura obligó a su esposa Ana Balaguer Mariano (1820-1876) a mantener los hornos durante la minoria de edad de su hijo.

Gabriel Gordiola Balaguer (1855-1911) marca una época de ulterior desarrollo y desenvolvimiento de la vidriería balear. Recogiendo los restos de varias fábricas que intentaron competirle, se presenta al mercado vidriero internacional con nuevos bríos y mesurado poder. Son los momentos cruciales de la evolución técnica. La máquina intenta abrirse paso y los aventureros de las nuevas ideas no tie nen dinero para adquirirlas. Aparece la máquina embotelladora Owens y se impone por su precisión. Antes ya se habían ensayado los primeros globos de vidrio para la lámpara eléctrica. En sus últimos años participa activamente en el desarrollo del vidrio Pyrex.

Sin embargo, no abandona la idea sobre el mantenimiento de la producción manual, ya que estima que la máquina no solucionará todos los problemas. Siempre hay en sus hornos los equipos de fantasía para resolver aquellos modelos que son un pasatiempo y una satisfación creadora.

A sus hijos, les dejó huérfanos muy jóvenes. Por ello, su viuda Antonia Manera Cirerol (1860-1928) tuvo que mantener una instalación superior a sus fuerzas, por el volumen industrial alcanzado.

Bernardo Gordiola Manera (1889-1960) y Gabriel Gordiola Manera (1894-1974) han mantenido muy alto el estandarte de la vidriería mallorquina. Hay todavía en Mallorca, quien recuerda aquella famosa Exposición de Productos de 1910 -en el Paseo de la Lonja- en donde Gordiola figuraba en lugar destacado al construir un Pabellón formado con más de cien mil botellas. Pero la Gran Guerra y sus secuelas económicas dieron al traste con este sueño de grandeza.

Fue con motivo de la Exposición Internacional de Barcelona, del año 1929 cuando Gordiola volvió los ojos a su primitiva tradición, dejando de lado la quimera industrial. Allí, en Barcelona, en los hornos levantados en el Pueblo Español, se reproducieron los primitivos vidrios que la tradición familiar había conservado. También, en las mismas fechas, se enciende el Horno del barrio de La Portella, al abrigo de las antiguas Murallas de Palma.

En los últimos cincuenta años, el desarrollo artesanal ha sido más vasto y sus vidrios están representados en todos los continentes. En las Ferias de Utrech, Río, Buenos Aires, Bruselas, New York, etc. los éxitos han sido espectaculares por la originalidad de las formas y la cromática de sus colores.

Gordiola, en los últimos lustros ha impuesto su línea en la vidriería europea y es así, que al encontrarnos de viaje, ya sea en París, Londres o en New York, se deleitan en especial los mallorquines, frente al escaparate de una gran "boutique" al tropezarse con el verde y dorado colorido de una exhibición de vidrios de Mallorca, y todavía más nos sorprende la pareja que los está observando, y susurra en mi idioma: Je suis certain. Ils sont du Gordiola.

     Noel Wilson - París